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El Hablaganados 429: Tres pedales, pero sólo dos pies

Por Kris Ringwall, Especialista de ganado Servicio de Extensión de NDSU
Traducción por Dr. Michael Cartmill, Dickinson State University


Estado actual de la industria de ganado: “…una mezcla atrevida de tecnología nueva y vieja: cómo eran las cosas, cómo son las cosas y cómo serán las cosas.”

El desafío es apartar tiempo para aprender cómo utilizar la magnífica tecnología a nuestro alcance.

Los errores ocurren, ¡pero la vida sigue!

Ésa es la realidad cruda cuando uno no tiene cómo cambiar inmediatamente la acción previa. Podría ser sencillo, tal como cerrar la puerta del carro con las llaves adentro o dar a alguien el número de teléfono equivocado sin querer.

El resultado de ambas situaciones (y muchos otros escenarios) es que uno simplemente tiene que ajustar el horario de uno hasta que el carro suelte las llaves o recibe una llamada pidiendo el número correcto. Interesantemente, muchas de las complejidades de nuestra vida moderna evolucionan de esfuerzos para prevenir errores comunes.

Hoy en día, los celulares y muchos teléfonos más recientes recuerdan los números de teléfono para nosotros. Rápidamente aprendemos a utilizar la función de llamar de vuelta.

El desafío es apartar tiempo para aprender cómo utilizar la magnífica tecnología a nuestro alcance. Hay un gozo real en ayudar a una persona de tercera edad a aprender el concepto del correo electrónico.

Para la gente mayor, la comunicación durante la gran parte de su vida demoró días. El concepto de la comunicación instantánea, fuera de visitar a alguien físicamente, era inconcebible.

Una foto de un nieto recién nacido se manda cuando el bebé sólo tiene unos minutos de edad. Hace tiempo montamos caballos, pero ahora manejamos.

Nunca me olvidaré de ver a mi tío enseñar a mi abuela a manejar. El concepto más chistoso era que tenía tres pedales, pero ella sólo tenía dos pies.

Abuelita nunca llegó a apreciar lo suave que uno podría cambiar de marcha. Estoy seguro que ella habría apreciado un automático, una opción que no existía en ese entonces.

El péndulo de la tecnología mece. Los carros casi pueden pensar por sí mismos, tal como mostró el episodio de “cerrar el carro con llave.”

Las llaves ahora parecen comunicarse, no simplemente encajar con su vehículo respectivo. Se puede cortar una llave, pero no funcionará hasta que la llave y el carro están físicamente programados para reconocer el uno al otro.

Sistemas sin llaves recientemente desarrollados ayudarán su carro a reconocerle. Perdidos son los días de correr a la ferretería por una nueva llave.

Hoy en día, la solución de estar cerrado fuera de carro requiere una cita con el taller para reintroducir y encajar la nueva llave con el sistema computadorizado sensitivo del carro. Cuando uno queda cerrado fuera de un vehículo, el pensamiento de saber que su carro es menos capaz de ser robado no es tan tranquilizador como cuando uno está descansando en casa y sabe que el carro estacionado enfrente tiene menos probabilidad de ser robado.

Necesitamos aprender. Necesitamos seguir. Necesitamos asegurarnos que sepamos usar las funciones en nuestro celular.

Necesitamos tener un juego de llaves extra accesible en caso de que uno queda fuera. Pronto aprendemos el carro tal vez necesita ir a la llave en vez de la llave que va al carro.

Éstos son avances tecnológicos con los que vivimos y apreciamos. Aun si tenemos que redefinir el término “apreciar.” La vida es compleja.

Algunos días, tal vez debemos preguntar, “¿Por qué tres pedales si uno sólo tiene dos pies? Bueno, Abuelita, yo no sé, pero si quiere aprender a manejar, sabrá usted.

Tal vez el negocio de ganado es lo mismo. Mucho de lo que pasamos es una mezcla atrevida de tecnología nueva y vieja: cómo eran las cosas, cómo son las cosas y cómo serán las cosas.

No creo que Abuelita jamás quisiera manejar. Abuelita cumplió los requisitos y ya tiene la “habilidad”; el carro todavía sigue en los árboles y los tres pedales todavía están allí.

La lección importante es que nunca nos ponemos tan ocupados con todo que nos rodea que olvidamos lo que nos empuje. No es el celular, la llave del carro o la identificación electrónica que nos empujan. Todos aquellos estarán allí y todos nosotros aprenderemos.

Lo importante es la “habilidad.” Sin embargo, Abuelita ya no necesita los pedales.

Mientras tanto, tal vez necesitamos manejar al pueblo para recoger unas marcas orejeras.

Que encuentre usted todas sus marcas orejeras.

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Para más información, contacte a la oficina NDBCIA, 1041 State Ave., Dickinson, ND 58601, o vaya al http://www.CHAPS2000.com por internet.