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El Hablaganados 479: Nosotros también estamos descansando en la mano de alguien más

Por Kris Ringwall, Especialista de ganado Servicio de Extensión de NDSU
Traducción por Dr. Michael Cartmill, Dickinson State University


Nosotros también estamos descansando en la mano de alguien más

Hoy hay cosas más importantes que hacer que los numerosos procesos en los que embarcamos en nuestras rutinas diarias.

[Redactores: Kris Ringwall enseña en Dickinson State University además de ser el director del Centro de Investigación por Extensión en Dickinson. Tres estudiantes de DSU recientemente murieron después de que el vehículo en que estaban entró en un estanque. En el artículo de esta semana, Ringwall reflexiona sobre la vida y muerte.]
Hay una hora para apartar los quehaceres de la vida y simplemente hacer. Aun los negocios mejores manejados, de ganado o lo que sea, no pueden negar que, al final, otro está en control, a pesar que quiénes seamos, y la realidad no pide sugerencias.

Lo que parece ser apuntes importantes en nuestras vidas diarias y nuestra definición de éxito sencillamente pueden ser pizcas minúsculas de pensamientos sin relevancia en el panorama de la vida. Muchas veces perdemos los puntos importantes hasta que nos aplastan las realidades de la vida y muerte.

Todos nos aferramos a la esperanza y, con cada pensamiento fugaz, no hay fin, sencillamente una continuación de esperanza. Con esa esperanza y el deseo de un fin positivo, las noticias de una muerte trágica literalmente destrozan nuestro centro interior.

Los sentimientos frágiles alimentados por la esperanza se sueltan en forma de desesperanza y no podemos parar. Ninguno de nosotros puede escapar la pérdida y el vacío de la muerte.

Nuestras vidas seguirán, pero en este punto del tiempo, simplemente existimos. La comprensión que alguien está ausente es sorprendente.

Al vagarse la mente de uno en busca de algún pensamiento racional, la normalidad se despide. En su lugar, uno se llena de un sentido profundo de vagarse con lo que parece ser un destino inútil. El presente parece tan crudo, el futuro un poco perdido.

Nuestras propias esperanzas se desvanecen y sin importar dónde busca uno, sólo la desolación amenaza. La necesidad de animarnos la confianza permanece. Hay recuerdos de los tiempos buenos y los tiempos no tan buenos, pero la vida sí sigue. La muerte nunca ha sido forastero de la pradera.

Hoy hay cosas más importantes que hacer que los numerosos procesos en los que embarcamos en nuestras rutinas diarias.

Claro, nuestro camino diario sigue, la primera relación sólo conocida con los ojos, palabras perdidas en campos lejanos. Finalmente, una semblanza del deseo puede brotarse, sólo para ser escondido en el silencio norteño. Parece ser mucho más seguro así, por cuál razón uno no sabe, pero contener parece ser la necesidad y entonces hacemos lo que hacemos.

Sí, un día duro. Un día de reflexión de todo lo que es y todo lo que no es, pero, empujado por lo omnipresente, el día sigue. La muerte inesperada nos desafía a todos nosotros al examen de conciencia mientras continuamos el trabajo de los que nos tocaron la vida.

Mi memoria escurre a un tiempo previo, recordando una muerte joven, trágica. Recuerdo volver del funeral y agarrar un huevo que estaba a punto de salir.

Saliendo de ese huevo era una vida nueva, totalmente sin saber del evento del día. Anteriormente en el día, la cría, con toda su fuerza, empezó a escapar de la única vida que jamás había conocido.

No había razón. La cría había estado bien cuidada y todas sus necesidades cumplidas. Sin embargo, la cría siguió picando. Al principio una grieta, después otra, una división y finalmente un hueco.

Por el hueco entró la luz más hermosa que la cría jamás había visto. Así que el picar continuó. Con una persistencia sin fin, la cría rodeó el huevo, con sólo la fe de que una vida mejor existiera en el otro lado.

Al empezar a romperse la cáscara exterior, la cría estrechó con el poder de Sansón. Gradualmente, el huevo rompió en mi mano. Con las patas aferrándose a la mitad más grande del huevo, la cría dio un empuje final y estaba libre.

La fe ciega, sin fin trajo a la cría de la seguridad del huevo a la inmensidad de un nuevo mundo. En mi mano, la cría no sabía lo difícil que esta vida puede ser, pero sólo un brillo de una vida nueva que estaba lista, dispuesta y capaz de apoderarse del futuro de mañana.

Lo que eran lágrimas para mí es el rocío de la mañana para una cría sin adónde ir salvo arriba. En cada uno de nuestros mundos, hay cosas buenas, pero a veces necesitamos buscar cuidadosamente y recordarnos que cada uno de nosotros, también, no muy disimilar al huevo, está descansando en la mano de alguien más.

Que encuentre usted todas sus marcas orejeras.

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