El Hablaganados 552: Las madres no juegan

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Por Kris Ringwall, Especialista de ganado Servicio de Extensión de NDSU
Traducción por Dr. Michael Cartmill, Dickinson State University


La maternidad: Bien podría ser la salvación del negocio de ganado. “El negocio de ganado”

Meterse entre una nueva madre y su becerro recién nacido es cosa seria que no se debe tomar a la ligera.

La maternidad nunca se puede quitar. El otro día, los trabajadores recordaban la reciente temporada de parto bovino. Ciertas vacas vienen a la mente rápidamente ya que un cierto grado de rapidez se necesitaba para sobrevivir la marcación y evaluación inicial del becerro.

Ciertas vacas son un poco tolerantes con sus cuidadores bípedos, mientras otras son bastante malvadas. De hecho, sin el cuidado adecuado, los productores pueden encontrarse en situaciones muy difíciles. Nuestro corazón se apena para los que han perdido seres queridos justo en ese escenario mismo.

Sin embargo, la maternidad no es algo de tomar a la ligera o ser borrado. De hecho, si hay un punto que es la salvación del negocio de ganado, es la maternidad. Llegar a ser madre, esos días finales de preparación, expectativas y finalmente ser encomendada con otro ser viviente, es precioso. Perdóneme si me desvío un poco, pero vale la pena. Las madres toman en serio la palabra “encomendada.”

En mi propia niñez, puedo recodar claramente el día que Papá decidió recoger el cochinito perdido. Papá dejó a las cerdas anidar en el pastizal. Por alguna razón, un cochinito se extravió, así que Papá decidió ir a recogerlo. Los que conocen las cerdas se dan cuenta de que toman la maternidad muy en serio, entonces una que vez Papá agarró ese cochinito solo y un chillido después, se emprendió la carrera, y más o menos una docena de cerdas tuvo a Papá en su menú. Él logró llegar a la cerca, pero esas cerdas eran serias porque eran madres. Las madres no juegan.

Uno de los trabajadores se preguntaba por qué no vendimos una vaca particularmente agresiva el año pasado antes de que hiciera daño corporal serio a alguien. Esa respuesta no era inmediata. La vacilación era simplemente un momento breve de respeto hacia una madre desafiada porque las madres no juegan. Tal vez haya un tiempo obvio en que las madres bravas necesitan irse, pero no sin un poco de consideración.

Meterse entre una nueva madre y su becerro recién nacido es cosa seria que no se debe tomar a la ligera. Como productor, puede que pierda. En realidad, había un momento breve en que yo no estaba seguro si debía apostar a favor de las cerdas o Papá. Afortunadamente, Papá pareció ganar un poco de la velocidad necesitada.

Sin embargo, hay un pensamiento más grande con este concepto de maternidad, tal como se notó previamente. La maternidad puede ser la salvación del negocio de ganado. Ese mismo pensar, la mentalidad de una nueva madre, necesita ser comprendido por los que están involucrados en el negocio de carne de res. Intentar criar entes vivientes sin una apreciación por el ser viviente no funcionará.

Cualquier productor que ha intentado encontrar trabajadores de rancho conoce la frustración de intentar encontrar a alguien que comprenda una vaca madre. Si uno comprende una vaca madre, uno puede criar la carne de res. Si uno no lo hace, a pesar de todo pinchazo y empuje y los aparatos de la tecnología moderna disponibles en la puerta de la camioneta, uno está destinado al fracaso.

Desde la perspectiva más global, vemos la necesidad de refinar y hacer más eficaz la producción hasta el punto de la perfección. Sin embargo, ¿qué es la perfección? La perfección es la maternidad. Sin ella, no tenemos nada. La necesidad de comprender la maternidad es esencial, pero más importantemente, la necesidad de tenerla es esencial.

Por supuesto, con una miradita a la competición, uno ve miles y miles de pequeñitas bolas de pelusa piando. Aun así, si la administración se olvida, o nunca se comprendió, que si se pone una gallina madre entre todas esas bolas piando de pelusa, ella las reclamará a todas inmediatamente. Una buena mirada a la gallina madre amenazará a todos a no tocar a sus bebés.

Las madres no juegan. Como industria, nunca debemos olvidar eso. La maternidad no es algo contra el cual seleccionamos, pero es algo que debemos apreciar y respetar. Si uno no puede sentir lo que se siente la nueva madre, entonces uno debe preguntarse por qué está en el negocio de ganado.

Tal vez, puede que sea posible, que haya tiempos cuando necesitamos ponderar adónde vamos. A menudo escucho la frase de “necesitamos dar de comer al mundo.” ¿Pero cómo? Si perdemos el propósito mismo y borramos la maternidad, no tenemos nada. Tal vez “el mundo necesita más madres” es una frase mejor.

Las madres no juegan.

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